El Liru está sentado a mi lado y, como siempre, me pide que ponga una de esas canciones que a él le encantan, pero a mi me cargan, como la de crash test dummies o la que escuchamos ahora: it’s a wonderful life.
Pero yo sé que de eso se trata el amor, de dar y recibir, de tolerar y ser tolerada, de amar y ser amada.
Además yo soy la jote que viene siempre a su casa, a invadir su espacio, apropiándome del tiempo que no me pertenece. Por eso he ido aprendiendo a disfrutar con las cosas que él disfruta, como cuando juega computador y parece un niño de cinco años, o sueña y sueña con tener una cámara fotógráfica ultra-mega-hiper-genial.
Es extraño, pero en esto de las relaciones, las compenetraciones se van dando solas, no hay que buscarlas, porque el tiempo y el espacio compartido lo van generando.