torbellino moderno
Cuando voy viajando hacia Rancagua y veo en Angostura cómo se erige uno de los tantos casinos que se están construyendo a lo largo de nuestro país, me asusto. La sensación de pánico comienza a dominarme de una forma incotrolable, me da miedo que esta modernidad comience a consumir cada raíz y cada hoja que va quedando en la tierra. Y no lo digo de una forma alarmista o de sobrevaloración de la situación, pero creo que estamos consituyéndonos en un mundo que valora mucho más el cuánto podemos crecer económicamente, sin considerar que sin cuidar aquello que nos permite vivir no vamos a llegar muy lejos.
Por mi parte, lo mejor que puedo hacer es cuidar los recursos que tengo, aunque suene repetitivo, llegó la hora de tomar conciencia y ahorrar en todo aquello que no signifique una real necesidad para mi subsistencia. Me cuesta, lo reconozco, porque muchas veces me dejo de llevar por la vorágine y le doy importancia a cosas que no la tienen, despreocupándome de aquéllo que implica mi futuro y mi alegría.
Quizás tanto casino no es algo indispensable para nuestro diariovivir, pero según las demandas del mercado actual, todo aquello que genere dinero es vital para la humanidad, no importa si en el futuro próximo no tenemos cómo vivir.